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sábado

Cuando golpea un desastre. Qué hacer para sobrevivir

Bomberos luchando contra un incendio
 TEMA DE PORTADA
Fuente: Revista Despertad 5-2017


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“Una explosión ensordecedora casi me tiró al suelo. Empezó a salir humo por las rejillas de ventilación y el edificio donde estaba nuestra oficina comenzó a arder en llamas” (Joshua).
Terremoto... huracán... ataque terrorista... tiroteo en una escuela... Con demasiada frecuencia, estas palabras aparecen en los titulares de las noticias. Claro, una cosa es leer sobre un desastre y otra muy distinta, vivirlo en carne propia. ¿Qué hacer antes, durante después de un desastre para aumentar las posibilidades de sobrevivir?

 ANTES: PREPÁRESE

TODOS estamos expuestos a sufrir un desastre. Por eso, la preparación es la clave para sobrevivir. ¿Qué hay que tener en cuenta?
  • Mentalícese. Acepte el hecho de que los desastres ocurren y de que usted y su familia pueden sufrir uno algún día. Si se prepara después de que el desastre haya sucedido, será demasiado tarde.
  • Infórmese sobre los desastres que pueden ocurrir en su zona. Localice los refugios. Analice si la estructura y la ubicación de su casa son lo más seguras posible. Elimine los riesgos de incendio. Instale detectores de humo y cámbieles las pilas al menos una vez al año.
  • Prepare suministros de emergencia. Los servicios de electricidad, agua, teléfono y transporte pueden fallar. Si tiene un vehículo, procure que el tanque de gasolina esté por lo menos a la mitad. En su hogar tenga siempre alimentos, agua y una mochila de emergencia (vea el recuadro “ ¿Tiene todo lo necesario?”).
    Una familia preparando suministros de emergencia
    La preparación es la clave para sobrevivir.
  • Tenga a mano los números de teléfono de amigos que vivan tanto cerca como lejos.
  • Elabore un plan de escape y ensáyelo. Sepa cuáles son las salidas de emergencia más cercanas del lugar donde esté y conozca el plan de emergencia de la escuela de sus hijos. Defina con su familia un lugar de encuentro cerca de casa y otro fuera del vecindario, como una escuela o una biblioteca pública. Los expertos recomiendan tener sesiones de práctica con la familia para llegar caminando a esos sitios.
  • Prepárese para ayudar a otras personas, por ejemplo, ancianos y enfermos.

DURANTE: ACTÚE CON RAPIDEZ

“Cuando estalló el incendio, la mayoría de la gente no entró en pánico, más bien se demoraron —cuenta Joshua, mencionado al principio—. Algunos apagaron su computadora, otros llenaron su botella de agua. Un hombre hasta dijo: ‘Quizás deberíamos esperar’”. Aunque el resto de sus compañeros no sabían qué hacer, Joshua gritó: “¡Tenemos que irnos ya!”. Con eso, los demás reaccionaron y lo siguieron escaleras abajo. Joshua les gritaba: “¡Si alguien  se cae, levántenlo y sigan avanzando! ¡Lo lograremos!”.
  • En un incendio. Manténgase agachado y diríjase rápidamente a la salida más próxima. El humo dificulta la visibilidad. En los incendios, la mayoría de las víctimas mortales se producen por inhalación de humo. No recoja sus cosas; unos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
  • En un terremoto. Métase debajo de una mesa maciza o quédese en la esquina de una pared interna o un muro de carga. Probablemente haya réplicas, así que salga del edificio cuanto antes y manténgase alejado de él. Como los equipos de rescate quizás tarden horas en llegar, trate de ayudar a otras personas si puede.
  • En un tsunami. Si el mar se aleja repentinamente de la costa, corra a una zona más elevada y quédese allí, porque vendrán otras olas, más grandes.
  • En un tornado o un huracán. Vaya inmediatamente a un refugio para tormentas o un sótano.
  • En una inundación. Quédese fuera de las edificaciones inundadas. No camine ni conduzca por el agua, pues puede contener aguas negras y ocultar peligros, como escombros, alcantarillas abiertas o líneas de electricidad que hayan caído.
  • ¿Lo sabía? Una corriente de agua de 60 centímetros (2 pies) de profundidad puede arrastrar un automóvil. La mayoría de las muertes en una inundación se producen al intentar conducir a través de agua en movimiento.
  • Si las autoridades ordenan evacuar, ¡hágalo de inmediato! Dígales a sus amigos dónde está, porque si no, tal vez ellos arriesguen su vida buscándolo.
    Una familia escuchando la radio
    Si las autoridades ordenan evacuar, ¡hágalo de inmediato!
  • ¿Lo sabía? Los mensajes de texto pueden funcionar mejor que los servicios de llamadas telefónicas.
  • Si las autoridades ordenan quedarse en casa o refugiarse en un edificio, obedezca. En caso de un accidente o ataque químico, biológico o nuclear, no salga, apague la ventilación y selle puertas y ventanas. Si se trata de una emergencia nuclear, vaya a la parte más baja e interior del edificio para reducir la exposición a la radiación. Escuche las noticias de la radio o la televisión. No salga hasta que las autoridades anuncien que el peligro ha pasado.

 DESPUÉS: MANTÉNGASE A SALVO

A fin de evitar riesgos y contagios, tenga en cuenta las siguientes sugerencias:
  • Quédese con amigos, si puede, en vez de quedarse en un campamento.
  • Mantenga limpio el lugar donde viva.
  • Use su propio equipo de protección cuando remueva escombros. Lo mejor es trabajar con guantes, calzado resistente, casco y mascarilla. Tenga cuidado con los cables eléctricos y las brasas escondidas.
  • Conserve su rutina en la medida de lo posible. Sus hijos necesitan verlo tranquilo y que no pierde la esperanza. Sigan con las lecciones escolares, jueguen y adoren a Dios en familia. No vea constantemente las noticias de la tragedia y no descargue su ansiedad o frustración con su familia. Acepte ayuda y ayude a los demás.
    Una familia siguiendo con su rutina
    Después del desastre, conserve su rutina en la medida de lo posible.
  • Recuerde que los desastres causan pérdidas. Los gobiernos y los servicios de rescate se concentran en ayudar a la gente a sobrevivir, no a reemplazar las cosas que han perdido. Y para sobrevivir, lo que se necesita es agua potable, comida, ropa y un refugio para las inclemencias del tiempo (1 Timoteo 6:7, 8).
  • Identifique los daños emocionales y deles atención. Suelen aparecer después de un tiempo. Entre los síntomas están la ansiedad, la tristeza, los cambios de humor y la dificultad para pensar, trabajar o dormir. Hable con buenos amigos.
Aunque Joshua sobrevivió a aquel incendio, muchos de sus conocidos murieron. Él recibió ayuda de ministros cristianos y de profesionales de la salud mental. “Me aseguraron que era normal que me sintiera tan mal, que era parte del proceso, y que mejoraría —explica—. Después de seis meses, las pesadillas disminuyeron. Otros síntomas han durado más”.
Los desastres nos indignan porque sufren personas inocentes, y algunos reaccionan culpando erróneamente a Dios. Por otro lado, muchos, como Joshua, sufren la “culpa del sobreviviente”. Él confiesa: “Todavía pienso que podría haber salvado a más personas, pero me consuela mucho saber que Dios pronto traerá completa justicia a la Tierra y que reparará todos los daños. Mientras tanto, todos los días doy gracias por la vida y hago lo que puedo para cuidarla” (Revelación [Apocalipsis] 21:4, 5). *

viernes

Mochila de Emergencia. Que Hacer Ante Desastres Naturales.

¿TIENE TODO LO NECESARIO?

Suministros de emergencia
Las organizaciones para la gestión de desastres instan a las familias a almacenar suministros de emergencia y revisarlos anualmente. Por supuesto, las necesidades varían según el lugar y las circunstancias, así que averigüe qué recomiendan los servicios de protección civil de su zona.
Por lo general, se recomienda tener en casa al menos 11 litros (3 galones) de agua por persona y alimentos no perecederos, listos para su consumo, que sean suficientes para tres días.
Además, algunas familias han preparado mochilas de emergencia con artículos como los siguientes: *
  • Mantas, una muda completa de ropa de abrigo y calzado resistente.
  • Linterna, radio (a pilas o manivela) y pilas de repuesto.
  • Botiquín de primeros auxilios y un silbato para pedir ayuda.
  • Cubiertos, abrelatas, herramienta multiusos de bolsillo y fósforos a prueba de agua.
  • Mascarillas, cinta adhesiva a prueba de agua y lona plástica para cubrirse.
  • Cepillos de dientes, jabón, toallas y papel higiénico.
  • Artículos para el cuidado de niños y de personas mayores o enfermas.
  • Un recipiente impermeable con medicamentos, copias de recetas médicas y documentos importantes.
  • Los números de teléfono de sus contactos de emergencia, lugares de encuentro y un mapa de la zona.
  • Tarjetas bancarias y dinero en efectivo.
  • Un juego extra de las llaves de la casa y del automóvil.
  • Papel, lápices, libros y juegos para los niños.
  • Una Biblia.

Cuando golpea un desastre. Qué hacer para sobrevivir

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“Una explosión ensordecedora casi me tiró al suelo. Empezó a salir humo por las rejillas de ventilación y el edificio donde estaba nuestra oficina comenzó a arder en llamas” (Joshua).
Terremoto... huracán... ataque terrorista... tiroteo en una escuela... Con demasiada frecuencia, estas palabras aparecen en los titulares de las noticias. Claro, una cosa es leer sobre un desastre y otra muy distinta, vivirlo en carne propia. ¿Qué hacer antes, durante después de un desastre para aumentar las posibilidades de sobrevivir?

 ANTES: PREPÁRESE

TODOS estamos expuestos a sufrir un desastre. Por eso, la preparación es la clave para sobrevivir. ¿Qué hay que tener en cuenta?
  • Mentalícese. Acepte el hecho de que los desastres ocurren y de que usted y su familia pueden sufrir uno algún día. Si se prepara después de que el desastre haya sucedido, será demasiado tarde.
  • Infórmese sobre los desastres que pueden ocurrir en su zona. Localice los refugios. Analice si la estructura y la ubicación de su casa son lo más seguras posible. Elimine los riesgos de incendio. Instale detectores de humo y cámbieles las pilas al menos una vez al año.
  • Prepare suministros de emergencia. Los servicios de electricidad, agua, teléfono y transporte pueden fallar. Si tiene un vehículo, procure que el tanque de gasolina esté por lo menos a la mitad. En su hogar tenga siempre alimentos, agua y una mochila de emergencia (vea el recuadro “ ¿Tiene todo lo necesario?”).
    Una familia preparando suministros de emergencia
    La preparación es la clave para sobrevivir.
  • Tenga a mano los números de teléfono de amigos que vivan tanto cerca como lejos.
  • Elabore un plan de escape y ensáyelo. Sepa cuáles son las salidas de emergencia más cercanas del lugar donde esté y conozca el plan de emergencia de la escuela de sus hijos. Defina con su familia un lugar de encuentro cerca de casa y otro fuera del vecindario, como una escuela o una biblioteca pública. Los expertos recomiendan tener sesiones de práctica con la familia para llegar caminando a esos sitios.
  • Prepárese para ayudar a otras personas, por ejemplo, ancianos y enfermos.

DURANTE: ACTÚE CON RAPIDEZ

“Cuando estalló el incendio, la mayoría de la gente no entró en pánico, más bien se demoraron —cuenta Joshua, mencionado al principio—. Algunos apagaron su computadora, otros llenaron su botella de agua. Un hombre hasta dijo: ‘Quizás deberíamos esperar’”. Aunque el resto de sus compañeros no sabían qué hacer, Joshua gritó: “¡Tenemos que irnos ya!”. Con eso, los demás reaccionaron y lo siguieron escaleras abajo. Joshua les gritaba: “¡Si alguien  se cae, levántenlo y sigan avanzando! ¡Lo lograremos!”.
  • En un incendio. Manténgase agachado y diríjase rápidamente a la salida más próxima. El humo dificulta la visibilidad. En los incendios, la mayoría de las víctimas mortales se producen por inhalación de humo. No recoja sus cosas; unos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
  • En un terremoto. Métase debajo de una mesa maciza o quédese en la esquina de una pared interna o un muro de carga. Probablemente haya réplicas, así que salga del edificio cuanto antes y manténgase alejado de él. Como los equipos de rescate quizás tarden horas en llegar, trate de ayudar a otras personas si puede.
  • En un tsunami. Si el mar se aleja repentinamente de la costa, corra a una zona más elevada y quédese allí, porque vendrán otras olas, más grandes.
  • En un tornado o un huracán. Vaya inmediatamente a un refugio para tormentas o un sótano.
  • En una inundación. Quédese fuera de las edificaciones inundadas. No camine ni conduzca por el agua, pues puede contener aguas negras y ocultar peligros, como escombros, alcantarillas abiertas o líneas de electricidad que hayan caído.
  • ¿Lo sabía? Una corriente de agua de 60 centímetros (2 pies) de profundidad puede arrastrar un automóvil. La mayoría de las muertes en una inundación se producen al intentar conducir a través de agua en movimiento.
  • Si las autoridades ordenan evacuar, ¡hágalo de inmediato! Dígales a sus amigos dónde está, porque si no, tal vez ellos arriesguen su vida buscándolo.
    Una familia escuchando la radio
    Si las autoridades ordenan evacuar, ¡hágalo de inmediato!
  • ¿Lo sabía? Los mensajes de texto pueden funcionar mejor que los servicios de llamadas telefónicas.
  • Si las autoridades ordenan quedarse en casa o refugiarse en un edificio, obedezca. En caso de un accidente o ataque químico, biológico o nuclear, no salga, apague la ventilación y selle puertas y ventanas. Si se trata de una emergencia nuclear, vaya a la parte más baja e interior del edificio para reducir la exposición a la radiación. Escuche las noticias de la radio o la televisión. No salga hasta que las autoridades anuncien que el peligro ha pasado.

 DESPUÉS: MANTÉNGASE A SALVO

A fin de evitar riesgos y contagios, tenga en cuenta las siguientes sugerencias:
  • Quédese con amigos, si puede, en vez de quedarse en un campamento.
  • Mantenga limpio el lugar donde viva.
  • Use su propio equipo de protección cuando remueva escombros. Lo mejor es trabajar con guantes, calzado resistente, casco y mascarilla. Tenga cuidado con los cables eléctricos y las brasas escondidas.
  • Conserve su rutina en la medida de lo posible. Sus hijos necesitan verlo tranquilo y que no pierde la esperanza. Sigan con las lecciones escolares, jueguen y adoren a Dios en familia. No vea constantemente las noticias de la tragedia y no descargue su ansiedad o frustración con su familia. Acepte ayuda y ayude a los demás.
    Una familia siguiendo con su rutina
    Después del desastre, conserve su rutina en la medida de lo posible.
  • Recuerde que los desastres causan pérdidas. Los gobiernos y los servicios de rescate se concentran en ayudar a la gente a sobrevivir, no a reemplazar las cosas que han perdido. Y para sobrevivir, lo que se necesita es agua potable, comida, ropa y un refugio para las inclemencias del tiempo (1 Timoteo 6:7, 8).
  • Identifique los daños emocionales y deles atención. Suelen aparecer después de un tiempo. Entre los síntomas están la ansiedad, la tristeza, los cambios de humor y la dificultad para pensar, trabajar o dormir. Hable con buenos amigos.
Aunque Joshua sobrevivió a aquel incendio, muchos de sus conocidos murieron. Él recibió ayuda de ministros cristianos y de profesionales de la salud mental. “Me aseguraron que era normal que me sintiera tan mal, que era parte del proceso, y que mejoraría —explica—. Después de seis meses, las pesadillas disminuyeron. Otros síntomas han durado más”.
Los desastres nos indignan porque sufren personas inocentes, y algunos reaccionan culpando erróneamente a Dios. Por otro lado, muchos, como Joshua, sufren la “culpa del sobreviviente”. Él confiesa: “Todavía pienso que podría haber salvado a más personas, pero me consuela mucho saber que Dios pronto traerá completa justicia a la Tierra y que reparará todos los daños. Mientras tanto, todos los días doy gracias por la vida y hago lo que puedo para cuidarla” (Revelación [Apocalipsis] 21:4, 5). 

¿Envía Dios desastres naturales para castigar a la humanidad?

El punto de vista bíblico
Contribuido Despertad 5-2017
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ALGUNAS personas creen que Dios utiliza las catástrofes naturales para castigar a los seres humanos, otras rechazan tal idea, e incluso hay quienes no saben qué creer. Un catedrático de Estudios Religiosos afirmó: “La mayoría de las religiones reconocen que nadie puede saber a ciencia cierta si los desastres naturales ocurren o no por voluntad divina”.
La Biblia, no obstante, suministra respuestas satisfactorias. Además de explicar de dónde viene el sufrimiento que tantos experimentan, aclara si Dios envía o no catástrofes naturales para castigar a los seres humanos.

Las Escrituras indican cómo actúa Dios

En la Biblia se exponen dos verdades fundamentales acerca de Dios, cuyo nombre es Jehová. La primera: él es el Creador y, por tanto, tiene poder y autoridad para controlar las fuerzas naturales de la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 4:11). La segunda: sus acciones siempre son consecuentes con su personalidad, cualidades y principios. En Malaquías 3:6, Dios asegura: “Yo soy Jehová; no he cambiado”. Teniendo esto presente, analizaremos dos situaciones del pasado, una relacionada con un diluvio y otra, con una sequía. Veremos que, en tiempos bíblicos, cuando Dios se valía de las fuerzas naturales para ejecutar un castigo, siempre proporcionaba: 1) una advertencia, 2) una razón, y 3) protección para sus siervos obedientes.

El diluvio universal

Advertencia.

Décadas antes del Diluvio, Jehová reveló a Noé: “En cuanto a mí, aquí voy a traer el diluvio de aguas sobre la tierra para arruinar [...] a toda carne” (Génesis 6:17). Noé, que era un “predicador de justicia”, advirtió a sus contemporáneos, pero ellos “no hicieron caso” (2 Pedro 2:5; Mateo 24:39).

Razón.

Jehová explicó: “El fin de toda carne ha llegado delante de mí, porque la tierra está llena de violencia como resultado de ellos” (Génesis 6:13).

Protección para sus siervos obedientes.

Jehová dio a Noé instrucciones detalladas sobre cómo hacer un arca para sobrevivir al Diluvio. Y al obedecerlas, “Noé y los que con él estaban en el arca siguieron sobreviviendo” (Génesis 7:23).

Sequía en Israel

Advertencia.

Antes de enviar una grave sequía contra Israel, Jehová anunció mediante el profeta Elías: “No habrá durante estos años ni rocío ni lluvia, excepto por orden de mi palabra” (1 Reyes 17:1).

Razón.

Jehová tomó esta medida porque Israel estaba adorando al dios falso Baal. Elías le recordó al pueblo que habían “abandonado los mandamientos de Jehová” y se habían puesto “a seguir a los Baales” (1 Reyes 18:18).

Protección para sus siervos obedientes.

Durante la sequía, Jehová proporcionó alimento a sus siervos obedientes (1 Reyes 17:6, 14; 18:4; 19:18).

Lo que revela esa forma de actuar

No hay ninguna base para afirmar que actualmente los desastres naturales formen parte de un plan divino para castigar a la humanidad. Como Jehová es un Dios de justicia, nunca eliminó a los justos con los malvados (Génesis 18:23, 25). Más bien, tomó medidas para ayudar a todos los que le obedecían. En cambio, hoy día  los desastres naturales afectan a hombres, mujeres y niños, sin distinción.
Dios no es responsable del sufrimiento de los seres humanos
Es obvio que tales desastres indiscriminados no siguen el patrón de las intervenciones divinas que se observa en las Escrituras. Lo que es más, no armonizan con la personalidad de Dios. En Santiago 1:13 se asegura que él no prueba a la gente con cosas malas, y en 1 Juan 4:8 se define bien su carácter: “Dios es amor”. Él nunca podría ser el responsable de los sufrimientos que tragedias inesperadas, como tormentas y terremotos, provocan en las personas inocentes. Ahora bien, ¿acabarán alguna vez estas catástrofes?

El sufrimiento acabará

Jehová Dios nunca se propuso que los seres humanos sufriéramos el azote reiterado de los desastres naturales. Su voluntad es que vivamos para siempre en paz en la Tierra. Tal como hizo en los días de Noé, intervendrá para eliminar la maldad. Y fiel a su modo de actuar, está avisando con tiempo, pues se ha encargado de que por todo el mundo se declare un mensaje de advertencia que proporciona a las personas la oportunidad de salvarse (Salmo 37:9, 11, 29; Mateo 24:14).